Eduardo Infante
Eduardo Infante es filósofo y escritor. Autor de Filosofía en la calle y Ética en la calle, concibe la filosofía como una herramienta para pensar críticamente el presente, acercarla a la vida cotidiana y hacerla comprensible sin caer en superficialidades. Su vocación es clara: convertir el pensamiento filosófico en algo vivo, útil y compartido.
Defiende que un filósofo no debe aspirar a parecer profundo, sino a ser claro. Esa claridad, cultivada tanto en conversaciones de bar como en espacios académicos, lo ha llevado a las aulas, a los medios de comunicación y a las redes sociales, donde comparte reflexiones que parten de la experiencia diaria. Para él, filosofar es pensar la vida y vivir el pensamiento.
Entiende la filosofía no como un monólogo solemne, sino como un diálogo permanente. Por eso practica el método socrático en contextos muy diversos: institutos, cafés, cárceles, empresas, ayuntamientos o bibliotecas públicas. La filosofía cobra sentido cuando se convierte en conversación, cuando interpela, incomoda y obliga a repensar certezas. Hacer ética aplicada, para él, es poner el pensamiento en juego allí donde la vida nos pone a prueba.
Como escritor, sus libros no son tratados académicos, sino invitaciones a pensar desde la vida real. Abordan temas como el amor, el fútbol, la salud mental, la tecnología, el poder, la muerte, el placer, la justicia o el sentido de la existencia: filosofía sin corbata. Colabora además con Retina (El País), donde publica una columna centrada en los dilemas éticos y culturales de nuestro tiempo, desde la inteligencia artificial hasta el culto a la productividad.
En su labor divulgativa, participa semanalmente en Las Mañanas de RNE junto a Mamen Asencio, acercando la filosofía a la actualidad mediante preguntas abiertas que convierten la radio en un ágora contemporánea. En redes sociales impulsa los #FiloRetos, propuestas diarias que fomentan el debate colectivo, y participa regularmente en podcasts, festivales y eventos culturales con un estilo cercano, irónico y socrático.
Como docente y comunicador, sus clases no son lecciones magistrales, sino diálogos. Enseña a pensar, argumentar y cuestionar mediante métodos poco convencionales: recrea la muerte de Sócrates en un juzgado, explica a Aristóteles paseando por un parque o invita a practicar el cinismo en las calles comerciales. Desde los clásicos hasta la ética de los algoritmos, propone una filosofía accesible para todos los públicos.
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